El maestro Ludwig Carrasco, director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) desde 2022, tiene una visión clara: convertir a esta agrupación en una plataforma viva del talento musical mexicano y en un referente cultural que dialogue con la contemporaneidad.
“Queremos que la Sinfónica Nacional sea la principal embajadora cultural del país”, afirma convencido. “Los tiempos cambian, y las orquestas también deben mantenerse al día. No porque antes estuviera mal, sino porque cada época requiere nuevas miradas”.
Una vida marcada por la música
Nacido en Morelia, ciudad reconocida por su tradición artística y musical, Carrasco lleva en el nombre un guiño a su destino: Ludwig, en honor a Beethoven. “Nací en un hogar donde se escuchaba mucha música. Mi padre era médico, mi madre artista visual, y mis dos hermanas también se dedicaron a la música. Cuando llegué yo, ya había una trayectoria familiar y me bautizaron con ese nombre tan cargado de historia. Afortunadamente, el camino sí terminó siendo musical”, recuerda entre risas.
Después de vivir casi 20 años en Estados Unidos y Europa, Carrasco regresó a México para dirigir la Filarmónica de Querétaro y más tarde la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Su llegada a la Sinfónica Nacional fue resultado de un proceso de selección riguroso. “Hubo distintos candidatos, se presentaron proyectos e ideas de cómo fortalecer la orquesta. Finalmente, me ofrecieron la posibilidad de asumir esta gran responsabilidad. Ya llevamos más de dos años y medio trabajando en redefinir su perfil y en ampliar su papel dentro de la vida cultural del país”.
Redefinir la música mexicana
Una de las prioridades de Carrasco ha sido reforzar la presencia de la música mexicana en los programas de la orquesta. “Somos una institución financiada con recursos públicos, por lo tanto, debemos reflejar la identidad del país. No podemos ser un museo de otras culturas, aunque sí presentemos repertorio internacional. La música mexicana tiene que ocupar un lugar central”, explica.
Bajo su batuta, la OSN ha impulsado estrenos de compositores vivos, tanto hombres como mujeres, además de recuperar obras olvidadas de grandes autores nacionales. “Queremos mostrar una visión más amplia de nuestra música. No se reduce a seis o siete obras conocidas. Existen decenas, si no centenas, de piezas de gran calidad que merecen ser escuchadas”.
El maestro subraya también la importancia de visibilizar a las compositoras: “Durante siglos, las mujeres han estado relegadas en el ámbito musical. Nosotros queremos integrarlas naturalmente a nuestras temporadas, sin que sea una cuota ni una excepción. El talento no tiene género”.
El reto de formar nuevos públicos
Otro de los grandes desafíos que enfrenta Carrasco es atraer al público joven hacia la música sinfónica. Frente a la expansión de ritmos urbanos y populares, su estrategia es clara: romper estigmas. “Queremos que la gente entienda que no hace falta saber de música para disfrutar un concierto. Venir al Palacio de Bellas Artes no es un acto solemne; es una actividad recreativa como ir al cine o a un restaurante”, sostiene.
El resultado ha sido alentador. “Llevamos más de un año con aforos del 90% o más. Y lo más sorprendente es que buena parte de nuestro público es joven. Eso nos llena de esperanza”, comenta con entusiasmo.
Para fortalecer este acercamiento, la orquesta organiza programas familiares e infantiles, ensayos abiertos y funciones relajadas destinadas a familias con integrantes neurodivergentes o con distintas capacidades. “Queremos que todos se sientan bienvenidos. Hemos visto llegar personas de otros estados, como Morelos o Querétaro, para asistir a estas funciones. Es muy conmovedor”, relata.
Además, la OSN impulsa un panel de lectura para compositoras y compositores y un Premio de Interpretación, que ofrece a músicos emergentes la oportunidad de debutar con la orquesta. “Es una forma de descubrir nuevos talentos que no siempre están en el radar de los grandes agentes o circuitos”, explica.
Innovación y accesibilidad
Carrasco no rehúye a los temas tecnológicos ni a la inclusión. Al hablar sobre cómo acercar la música a las personas sordas, menciona un proyecto internacional que le inspira: “En Alemania se están desarrollando trajes especiales que traducen las ondas sonoras en vibraciones corporales. Imagínese lo que habría sentido mi tocayo, Beethoven, si hubiera tenido acceso a esa tecnología”, dice con una sonrisa.
Una temporada que celebra la diversidad sonora
La nueva temporada de la OSN, iniciada el 12 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes, combina tradición e innovación. “Sabemos que septiembre es el mes patrio, pero quisimos integrar la música mexicana de manera regular, no como algo extraordinario. Lo extraordinario debería ser que no hubiera música mexicana en el programa”, aclara.
El repertorio abarca desde Manuel M. Ponce hasta compositores jóvenes actuales. “Queremos mostrar que México no se quedó en el nacionalismo musical. Así como no nos vestimos igual que hace un siglo, tampoco la música mexicana se ha detenido”, afirma.
La programación incluye estrenos de siete compositores vivos, junto a clásicos del repertorio universal como Beethoven, Mozart y Shostakovich. También se presentarán solistas nacionales y extranjeros, entre ellos Jacinta Barbachano, ganadora del Premio de Interpretación, y el guitarrista español Rafael Aguirre, quien interpretará el célebre Concierto de Aranjuez.
Asimismo, la orquesta contará con directores invitados de talla internacional como Nuno Coelho (Portugal), Joana Malangré (Alemania) y Martin Lebel (Francia), además de su tradicional colaboración con la Academia de Artes y el Foro de Música Nueva, donde estrenará obras nacionales e internacionales.
Mirada al futuro
Aunque este año la agenda está centrada en la capital, Carrasco adelanta que trabajan en una gira nacional y, a mediano plazo, una gira internacional. “Queremos llevar nuevamente a la orquesta a representar la cultura mexicana fuera del país. Es un proceso largo, pero ya estamos en ello”.
El maestro concluye con una invitación abierta: “Queremos que el público siga nuestras redes sociales, conozca los programas, los artistas, y participe en las dinámicas que abrimos. La Sinfónica Nacional no es solo una orquesta, es una comunidad viva que pertenece a todos los mexicanos”.