La cantante lírica Jacinta Barbachano, originaria de la Ciudad de México, se ha convertido en una de las voces jóvenes más destacadas del bel canto nacional. A sus 33 años, esta artista chilanga —como ella misma se define— combina disciplina, talento y pasión por la música, cualidades que la han llevado a presentarse junto a la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes, interpretando Sed de mar, una obra contemporánea del compositor Diego Adrián Jiménez Villagrana con textos de Esther Seligson.
“Antes que nada me siento muy emocionada, muy contenta y muy afortunada”, comentó sobre este logro. “Desde que Diego empezó a componer la obra —que está escrita especialmente para mi voz— soñábamos con poder presentarla con orquesta. Verlo hecho realidad en Bellas Artes fue impresionante, no me lo podía creer”.
Desde pequeña, Jacinta encontró en la música su lenguaje natural. “Mis padres me metieron al Instituto Artene, en Coyoacán, cuando tenía cinco años, y ahí empecé en el coro. Para mí era como estar en mi mundo, me sentía como pez en el agua”, recuerda. Aunque ninguno de sus padres es músico —su padre es arquitecto y su madre maquillista profesional—, la familia siempre apoyó su inclinación artística.
Con el tiempo, esa pasión infantil se convirtió en vocación. “Entré al propedéutico de la entonces Escuela Nacional de Música a los quince años, mientras estudiaba la preparatoria. Más tarde hice el examen y entré a la Facultad de Música de la UNAM. Desde entonces supe que esto era lo mío, que me hacía sentir plena”.
Su formación la llevó a explorar distintos géneros. Además del canto, estudió piano durante varios años —“ahora lo uso más para vocalizar”, dice— e incluso tocó la batería: “Quería tener mi banda de rock, nunca se me dio, pero ahí sigue la batería”. No sorprende, entonces, que su gusto musical abarque desde el bel canto hasta el rock clásico. “Me gusta Led Zeppelin, Tool, Deep Purple, ACDC, y grupos más actuales como Snarky Puppy. Escucho de todo, pero me siento más próxima a esos géneros”.
Esa versatilidad también se refleja en su carrera. Jacinta disfruta tanto de cantar ópera como de interpretar repertorio contemporáneo. “Me encanta la ópera porque me permite actuar, analizar personajes y darles mi toque personal. Pero también disfruto mucho la música contemporánea, porque me permite conectar con compositores vivos, con obras de nuestro tiempo”.
Su más reciente reto, Sed de mar, combina justamente esas dos dimensiones: el lirismo y la modernidad. La obra, inspirada en el personaje de Penélope —la esposa de Ulises que espera pacientemente su regreso—, le ha permitido explorar un papel lleno de emociones. “Penélope expone sus sentimientos y su espera de diez años tejiendo y destejiendo. Es un personaje profundamente humano”, explica.
Sobre la experiencia de cantar la pieza con orquesta, Barbachano confiesa: “Me siento nerviosa, claro, pero también tranquila. Es una obra que he cantado muchísimo, la conozco muy bien. Me emociona compartirla con la Orquesta Sinfónica Nacional; es una mezcla de emociones”.
Su futuro inmediato incluye una serie de concursos en España —en Canarias, Logroño, Madrid y Sevilla— y varios proyectos en México y América Latina. “Después de Bellas Artes me voy a España a hacer cuatro concursos, y al regresar tengo un Réquiem de Mozart, además de una ópera en San Miguel de Allende y una producción en Colombia”, detalla.
Más allá del escenario, Jacinta lleva una vida sencilla y creativa. “Me encanta cocinar postres, cuidar de mis plantas, ir al cine —soy muy cinéfila, a veces me echo hasta tres películas seguidas en la Cineteca Nacional—, y también practico yoga y flamenco”, comenta entre risas. “El flamenco es mi segundo hobby después del canto”.
Con una voz poderosa y una presencia escénica que impacta —“Los pianísimos que hace son clarísimos”, destacó su entrevistador—, Jacinta combina talento y sensibilidad en cada interpretación. Pero para ella, el éxito no se mide solo en escenarios. “Soy muy disciplinada, muy tenaz. Trato de no apurar las cosas y hacerlas siempre con fidelidad a mis valores y principios. Para mí eso es fundamental: ser fiel a mí misma, a mi trabajo y respetuosa con mi proceso técnico. Lo que uno siembra, al final florece”.
Esa filosofía de vida ha sido su guía en un camino donde la pasión y la constancia se entrelazan. Con una carrera en ascenso y la mirada puesta en Europa, Jacinta Barbachano representa a una nueva generación de artistas mexicanos que mantienen viva la ópera mientras la llevan hacia nuevos horizontes.