La Orquesta Sinfónica Nacional presentará el programa “Contrastes” como parte de su temporada Fronteras: Segunda Temporada 2025. Bajo la dirección del maestro portugués Nuno Coelho y con la participación del flautista mexicano Ernesto Díez de Sollano como solista, el concierto se llevará a cabo el viernes 7 y el domingo 9 de noviembre en el Palacio de Bellas Artes, a las 20:00 y a las 12:15 horas, respectivamente.
Ernesto Díez de Sollano es un flautista mexicano que ha hecho de la música no solo su vocación, sino un vehículo para acercar a nuevas generaciones a los escenarios sinfónicos. Su historia no nació entre planes rígidos ni destinos predeterminados: surgió entre mudanzas, travesuras, maestros que vieron talento donde él no lo buscaba… y una flauta que llegó casi por accidente, pero que terminó marcando su vida.
Cuando la flauta no era el plan… pero el destino insistió
Aunque hoy su nombre se anuncia en carteles de Bellas Artes, Ernesto no creció soñando con una flauta transversal en las manos. De niño, su ilusión era el saxofón, influenciado por lo que sonaba en casa:
“Yo siempre tenía la ilusión de tocar sax porque estaba de moda Kenny G y a mí me encantaba”, recuerda entre risas.
Sin embargo, no había maestro de sax disponible en su escuela… así que le ofrecieron la flauta “porque era parecida”. Ese gesto, casi aleatorio, cambió su ruta. Primero llegó la flauta dulce en primaria —cuando un maestro detectó su facilidad— y luego encontró a quien sería clave en su destino: su maestra de flauta transversal, Ruth López.
Con ella llegó la primera obra que lo retó de verdad: Syrinx, de Claude Debussy.
“Fue mi boleto de entrada a ser apasionado de la flauta”, confiesa.
Un niño entre campamentos, fuego y travesuras
La infancia de Ernesto transcurrió entre ciudades —Acapulco, León, Guadalajara, Pachuca— siguiendo el trabajo de su padre. Pero donde realmente se sentía libre era en los campamentos musicales:
“Era donde más libremente pasé mi infancia… no había tanta supervisión paterna y se podía ser niño más a gusto”, recuerda.
Ahí nacieron amistades que conserva hasta hoy, pero también anécdotas dignas de película infantil:
Un día, enviados a sacar copias, él y un amigo desaparecieron dos horas para ir a desayunar. Otro día, casi los expulsan cuando decidieron prender fuego a un desodorante para simular que un sol de barro “escupía fuego”.
“Ahora digo: Dios, nos pudo haber explotado ahí”, admite con humor.
Del clown al escenario: el arte como brújula
La música no fue su única vocación infantil. Ernesto quería ser payaso, mago, malabarista… cualquier cosa que significara hacer arte para otros.
“Creo que siempre me quise dedicar al arte. Eso sí lo tuve muy claro desde niño.”
La decisión de profesionalizarse llegó al terminar la preparatoria. Sabía que, si elegía música, tenía que hacerlo con seriedad absoluta. Estudió en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde comprendió que dominar un instrumento va más allá del talento.
“Lo que realmente me enseñó mi instrumento fue disciplina… disciplina”, afirma.
Entre salas imponentes y momentos que marcan
Ha tocado en recintos que cualquier músico sueña: la Sala Nezahualcóyotl, donde “uno siente que todo lo que hace se escucha del otro lado”; y el Konzerthaus de Berlín, experiencia que vivió como estudiante y que describe como “un reto inolvidable”.
Su debut como solista en el Palacio de Bellas Artes llegó hace dos años, con el Concierto No. 1 de Eduardo Angulo. Este 2025 regresa como protagonista junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, con un programa francés que considera una oportunidad única para descubrir distintos colores del repertorio.
“La música no debería dar miedo”: el músico que quiere derribar la solemnidad
Ernesto no teme decirlo: el problema no es la música clásica, sino la barrera social que rodea a los conciertos.
“Lo que de repente asusta es toda la burocracia encima de ir a un concierto. La gente piensa que casi casi tiene que ir de frac”, reflexiona.
Asistir a un concierto sinfónico se ha convertido en un ritual intimidante, casi religioso: horarios rígidos, silencios absolutos, códigos de comportamiento poco explícitos.
Su postura es clara:
“Los artistas y las instituciones tenemos la responsabilidad de hacer más fácil para la gente ir a los conciertos.”
Propone romper formalismos innecesarios, abrir espacios híbridos, colaborar con otros géneros y usar herramientas actuales: redes sociales, livestreams, diálogos con el público y programación que incluya compositores vivos.
“También hay muchachos componiendo ahora… entender eso hace que la gente tenga menos miedo de ir a los conciertos.”
Inspirar para que otros también lleguen
Más allá de sus logros, la historia de Ernesto inspira para que otros jóvenes crean que hay lugar para ellos en el arte.
“Siempre digo que es más barato ir a un concierto que ir al cine”, afirma con humor, pero también con intención: acercar a todos a la experiencia cultural.
Cree profundamente que México tiene talento y público: solo hace falta tender puentes.
Su llamada es directa:
“Reconsideren. Antes de ir al cine, vayan a un concierto. Les puede sorprender.”
Con 31 años, la flauta que llegó a su vida por casualidad lo ha llevado a escenarios que jamás imaginó. Hoy, su misión va más allá de la música: quiere que nadie sienta que la música de concierto “no es para ellos”.
Su debut como solista en el Palacio de Bellas Artes ocurrió hace dos años. Este 2025 regresa como invitado especial junto a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dentro de un programa que refleja su visión de lo que la música puede provocar.
Contrastes: un viaje del festejo al anhelo de paz
El programa que interpretará la OSN, dirigido por el maestro portugués Nuno Coelho, propone un recorrido emocional que representa muy bien el poder transformador de la música. Tres obras, tres lenguajes y tres miradas que dialogan entre sí:
La energía explosiva de Berlioz: con la Obertura El carnaval romano, una pieza vibrante y festiva que muestra la imaginación orquestal del compositor francés y su afán por romper moldes.
La espiritualidad rítmica de Jolivet: con el Concierto para flauta, donde Ernesto será solista. La obra combina misticismo, energía y virtuosismo en un solo flujo musical que exige, además de técnica, una conexión profunda con lo emocional.
“Es una obra que hace de la flauta una voz casi ritual”, explica.
La reflexión humana de Honegger: con su Sinfonía Litúrgica, escrita tras la Segunda Guerra Mundial, una obra que enfrenta al público con el dolor, la esperanza y el deseo de paz.
En conjunto, el programa funciona como una experiencia que va del festejo a la introspección y, finalmente, a la reconciliación: un verdadero juego de contrastes.
Para conocerlo en 5 datos
- Instrumento por casualidad: Quería sax, pero terminó enamorándose de la flauta al no haber maestro disponible.
- Formación sólida: Egresado de la Escuela Nacional de Música (UNAM).
- Su sala soñada: El Konzerthaus de Berlín fue una de sus experiencias más retadoras e inolvidables.
- Gustos eclécticos: Escucha de todo: desde rap en español hasta musicales y rock latinoamericano.
- Misión personal: Humanizar la experiencia sinfónica y acercarla a nuevos públicos sin solemnidad excesiva.